Mi viaje favorito

Johana Quinteros: "De Chile me encantó el mar”

domingo, 25 de julio de 2010

Entre los viajes que más me gustaron me quedo con uno que hice a Chile porque fue realmente inesperado. Casi insólito.

Tenía 17 años, ya cantaba entre mi círculo íntimo y mi familia ya comprendía que tenía ganas de hacer la carrera de cantante de manera profesional.

Estaba en mi casa y sonó el teléfono. Era mi madre que me pedía que fuera a la casa de mis abuelos donde habían llegado unos amigos chilenos. Una familia encantadora con una amistad de muchas décadas.

Cuando llegué me convencieron de cantar y les dediqué dos canciones, un tango y "Así fue" de Juan Gabriel.  Quedaron asombrados. Unos minutos después ya estaban planeando mi viaje a Chile para ayudarme a participar del casting para el popular programa de televisión, "Rojo", una especie de Operación Triunfo trasandino.

En esa época, justo comenzaban las audiencias.
Asombrada por la propuesta,  les conté a mi padres y me dieron el permiso para viajar. Al otro día hice el trámite aduanero -ya que ellos no me podían acompañar - y  las 3 de la tarde ya estaba rumbo a Santiago de Chile en una camioneta con un matrimonio que a penas conocía. En pocas horas me brindaron toda su confianza, era una familia muy amorosa.

En la ciudad, conocí al resto de sus hijos que tenían la misma edad que yo. Justamente, la hija de 19 años estaba de novia con un muchacho que casualmente era amigo de un productor de "Rojo". Era viernes, recuerdo y ya se habían presentado 900 personas a la primera audición.
El lunes, a través de ese contacto en la producción, conseguí entrar entre los ocho que se eligieron para cantar frente al jurado.

Me aconsejaron no vestirme de manera extravagante, ni maquillarme demasiado. Esa pomposidad no era bien vista. Seguí sus pautas y la familia me acompañó a los estudios entusiasmada. 

Ellos me ponían todas las fichas, me tenían confianza. Yo tranquila.
Cuando me presentaron a los otros siete participantes del día, no lo podía creer: se habían producido como nunca. Las mujeres y los chicos se habían puesto encima todo el lujo y no pude esquivar las miradas diciendo: ¿Qué hace ella acá?

A pesar de tener una leve congestión -¡me bañé con agua fría!-  tomé coraje y canté todo lo mejor que podía dar. 

Luego, una de las integrantes del jurado me dijo "Yo cuando cierro los ojos escucho una mujer de 50 años". Al principio no los entendí y me recomendaron  tomar clases de canto y presentarme el año siguiente porque reconocían que tenía una voz muy particular que merecía otra oportunidad.

"Prepará tu voz y venite el año que viene" fueron sus recomendaciones.
Al enterarse de mi rechazo, mis anfitriones se enfurecieron. Para consolar el mal trago, no dudaron en preparar bolsos y partir para el mar. Ellos tenían una casa en Talcahuano. Fue un día inolvidable para mi, porque conocí por primera vez el mar.

Me encantó. De hecho no sólo he prometido volver sino que sin dudas sería uno de los lugares donde podía vivir. La paz y la tranquilidad, entre casitas pintorescas, calles de tierra y arena mojada, era realmente muy placentero. No quiero dejar de mencionar la gran hospitalidad de le gente chilena que conocí. Son gente especial.

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