Detalles, objetos de anticuarios y piezas de demolición hacen de esta casa colonial un espacio especial. La pasión de los propietarios por encontrar lo indicado para cada ambiente se conjuga con el particular estilo.
martes, 06 de abril de 2010
Espacios de ensueño que invitan al relax, vistas a los jardines y pequeños detalles se esparcen por toda esta casa. El proyecto del Estudio Mallea & Roman Asociados se encuentra asentado en un terreno de 4.000 metros, ubicado en Chacras de Coria. La arquitecta Ana Paula Schmidt, hija de los propietarios de la casa, fue la responsable de guiar a Estilo por las inmediaciones de la propiedad y los jardines.
El proyecto surge de una idea clara: construir en un lugar alejado de la cuidad y con aires de campo. El espacio que hoy ocupa fue en tiempos pasados una finca de olivos, viñas y frutales. En la actualidad la casa se erige conformada por dos plantas lineales, con el frente orientado al Sur.
Su distribución permite diferenciar muy bien los espacios públicos de los privados. La planta baja se divide en dos, albergando por un lado la cocina, living y comedor y por el otro las habitaciones de los hijos. Mientras que en la planta alta se encuentra el dormitorio principal y la de huéspedes.
“La idea surge por una necesidad de privacidad. De esta manera los jóvenes podíamos recibir invitados cómodamente, sin perturbar al resto de la casa”, aclara Ana Paula.
Con vistas a la cordillera de los Andes, la estética colonial invade los ojos del que la recorre. Los adoquines de hormigón son lo primero que resalta. Luego la fachada delantera se presenta con un pórtico o porche de acceso, enmarcado por vegetación. Ahora piedra hasta toparse con una puerta añosa de madera de roble macizo arenada. Esta gran abertura doble que perteneció alguna vez a la Universidad Nacional de Cuyo, se levanta imponente.
Las características de la arquitectura colonial reinan en todos los detalles. Las aberturas de las ventanas fueron creadas y patinadas especialmente para completar el concepto del proyecto. Techos a dos aguas con teja colonial, rejas y faroles de hierro forjado realizados por artesanos y la vegetación que comienza a enmarcar la fachada rústica de la construcción.
En el hall de entrada, la vista al verde invade el espacio, una puerta de hierro forjado descubre el maravilloso jardín. Toda la casa se conecta a través de galerías, espacios de transición para refugiarse del sol que juegan con la luz y sombra, decoradas con mesas y sillas de relax acompañado de una hamaca paraguaya.
La cocina, uno de los espacios más transitados, fue realizada en carpintería laqueada en colores cálidos. El objetivo era conseguir un ambiente familiar y acogedor, que claramente conformó a la familia. Diana Codina - Especial para Los Andes.