viernes, 07 de julio de 2006
Alberto Acosta conoce el campo mendocino como pocos. Y ya tiene la vista entrenada. Por eso es una pieza fundamental en el proceso de descubrimiento e investigación paleontológica y arqueológica. El hombre trabaja en la Dirección de Recursos Naturales y articula muchas de las actividades que tienen en común esa repartición con las entidades científicas. “De aquí conozco cada piedra”, cuenta mientras camina por la Reserva Divisadero Largo.
Alberto hace el primer contacto en la cadena de la investigación. “Es un trabajo permanente, voy buscando por la zona que seleccionamos. Cuando veo algo me planto, empezamos a limpiar, tomo fotos y notas y luego llamo a las personas de la Universidad o el Cricyt”, explica.
Divisadero es más que una reserva de flora y fauna. Allí se realizan distintas investigaciones geológicas, paleontológicas y también biológicas con la fauna actual.
“El objetivo de declaración de la reserva viene por la riqueza geológica que tiene. Tenemos convenios con Filosofía y Letras y con el Cricyt para que tengan todas las facilidades para ingresar e investigar y luego hacer transferencia”, explica Leopoldo León, director de Recursos Naturales.