Office after

Un recreo para la rutina

Si bien el ritmo de vida mendocino no alcanza la misma intensidad que en Buenos Aires, el salir a tomar algo después del trabajo es una tendencia que tiene cada vez más adeptos.

viernes, 07 de julio de 2006

Es miércoles por la noche y el reloj marca las 19. La ciudad que supo adormilarse en otros tiempos, parece haberse rebelado. Adopta modismos distintos, atrae con otras opciones que logran, de a poco, el guiño cómplice de los “montañeses” (viejo mote con el que nos describen muchos para dejar notar nuestra desconfianza y hosquedad ante lo nuevo). Pero el after office, after work o -para hablar en criollo- “el después del trabajo” es una opción que crece cada día (en realidad, cada noche) un poco más. Se plantea, aún en forma discreta, como una propuesta de los propios bares dirigidos a la gente que no quiere dejar la diversión sólo para el fin de semana.

Al ritmo de la “down town”

De origen estadounidense, los after office porteños lograron captar a un público que los adoptó sin pensarlo dos veces. El esquema de la juntada amiguera luego del trabajo, para compartir tragos y “picar” algo, resultó redondo para los habitantes de aquellos lares. No hay que ahondar mucho para explicar el fenómeno: básicamente y como la mayoría de los dueños de estos lugares sustentan, “acá el ritmo de vida es otro”. Si bien aparecieron en el país a fines de 2000, ganaron la posta cuatro años más tarde, con el incremento sólido de los turistas.

¿Pero... qué pasa acá en la city mendocina? ¿Logró el auge porteño por los “after work” destilar un poquito -aunque más no sea- esa fiebre por el trago compartido y las anécdotas laborales a flor de labios?

“Creo que es muy difícil que la moda de los after works se introduzca en el interior de manera tan fuerte, porque el estilo de vida del porteño es totalmente distinto al nuestro”, explica Claudio Rodríguez, dueño del Irish Pub, bar irlandés ubicado en calle Colón de Ciudad. “El porteño es una persona que no vuelve a casa -continúa Rodríguez-. Acá es distinto, el mendocino hace horario partido, vuelve al hogar, le gusta acostarse, darse una ducha y recién volver. Nosotros tenemos el after office de 21 a 24, los días viernes, y si bien funciona bien, cuesta. Eso sí, algo es claro, es un producto que funciona en la down town”. Y muy lejos de la verdad no se está, si se piensa que los lugares básicamente que ofrecen esta tendencia, se ubican primordialmente en el microcentro.

A pesar de los bemoles con los que se puedan encontrar, los after office transitan sin prisa, pero sin pausa entre las costumbres que coquetean con el mendocino. Son muchos los que sostienen la buena recepción del público hacia esta modalidad, como es el caso del hotel Hyatt: “hay una buena respuesta de la gente que sale de trabajar y decide pasar por el bar Uvas del Hotel -argumenta uno de sus empleados-. Según nuestra experiencia, el after office se está imponiendo de forma paulatina. Además, en muchos trabajos las personas realizan su jornada laboral de forma corrida, lo que genera que la gente venga, se quede un rato, y no se vaya muy tarde porque al otro día madruga”. Una de las promos especiales que se puede pedir en este lugar, de 18 a las 21, consiste en una tabla de quesos y dos copas de vino para dos personas por $ 24.

Otro tanto pasa en Décimo (resto-bar ubicado en el último piso del edificio Gómez). Según comentó Maximiliano Valotta, encargado del lugar: “El movimiento es muy relativo con el tema de los after works. En nuestro caso, trabajamos de lunes a sábados con el de 19.30 a 23 y tenemos respuesta. Nuestro público es el adulto joven, que viene de la oficina a pasar un momento ameno”. Tacos, cervezas, platos diversos, picadas y vinos, son algunos de las muchas opciones que se ofrecen aquí a la hora de darle rienda suelta al paladar. Las promos son para todos los bolsillos, desde los $ 9 (una cerveza con dos tacos); pasando por los $ 20 (en el caso de la tabla de quesos); y valores que rondan de los $ 50 en el caso de picadas de fiambres rellenos con vino para cuatro personas.

¿Una modalidad con proyección?

Según la opinión de Luciano Franchetti, dueño del resto-bar Chano del hostel Damajuana -ubicado en plena calle Arístides de Villanueva, casi Olascoaga-, “para que esta opción de consumo entre en funcionamiento tendrían que darse dos cosas: el horario corrido en el trabajo, y entender que brindarle esta posibilidad al mendocino también es bueno como emprendimiento empresario”.

Por su lado, Matías Fraga, dueño de El Palenque, ubicado en calle Arístides 287, opinó: “el after office es una modalidad que en nuestra provincia requiere de más comunicación, teniendo en cuenta que se tiene dos tipos de público en cuanto a edades, el adulto joven y al adulto mayor”.

Otro nicho interesante según Fraga, son los turistas, siempre en busca de nuevas ofertas en gastronomía y vinos. En el caso puntual de este restó-bar, el after office funciona de lunes a viernes a partir de las 20, y el público también puede encontrarse con promos de 2x1 (desde opciones de cerveza y empanadas, whiskies importados, y picadas con champán).

Dicen que cada lugar adopta -o no- una modalidad o tendencia y la hace propia -y nunca igual- a la idea primigenia. También dicen que lo que cuenta es la impronta que se le da, y lo que pueda surgir de esa “melange” entre lo foráneo, lo nacional y el perfil local -mix disímil si los hay- . Sin embargo, y más allá de los lugares comunes y las diferencias, lo cierto es que en Mendoza los after office, existen y marcan presencia... Que se desarrollen aún más y tomen ribetes locales dependerá, como siempre, del cliente.

Por Analía de la Llana - adelallana@losandes.com.ar

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