Zinedine Zidane, quien espera volver a levantar la Copa, hizo pública la promesa que se ha hecho el plantel galo.
viernes, 07 de julio de 2006
Supuestamente el de Alemania iba a ser un mundial en el que una camada de juveniles iba a dejar su huella. Pero alguien se le olvidó mencionárselo a Zinedine Zidane y al resto de sus compañeros en una selección francesa que está a una victoria del título.
A Lionel Messi no le dieron los minutos suficientes para mostrarse, Kaká fue de más a menos y Wayne Rooney se despidió dejándose expulsar tontamente.
Mientras ese trío de precoces astros mira los partidos por la televisión, Francia -por la cual no se apostaba ni siquiera un centavo antes del mundial- se alista para jugar la final.
Con un equipo cuya columna vertebral está formada por varios de los protagonistas que en 1998 se proclamaron campeones de local, Francia vino a reverdecer laureles en el momento más apremiante.
Francia supo reponerse a la baja por suspensión de Zidane y derrotó a Togo por 2-0 con goles de Patrick Vieira y Thierry Henry. Era el prólogo de lo que hasta ahora ha sido una magistral obra a tres actos, en la que voltearon los pronósticos para dar cuenta de España, Brasil y Portugal.
Los “viejitos” franceses, sobre los que sus rivales se referían en forma despectiva de que los iban a jubilar, encontraron en la consigna de “morir juntos” la inspiración para salir adelante.
“Esa fue la promesa que nos hicimos: 'vamos a morir juntos’”, declaró Zidane, el capitán y símbolo de la campaña francesa en Alemania.
Solidaridad, voluntad y garra han sido las características de Les Bleus y el 10 de la calvicie brillante las personifica en forma cabal.
“Estamos aquí porque todos hemos dado un gran esfuerzo y vamos por la copa”, afirmó Zidane, que a sus 34 años había anunciado de antemano su retiro definitivo del fútbol.
El técnico Raymond Domenech consideró como “muy simbólico” el que su vieja guardia, que incluye también a Liliam Thuram, Claude Makelele y Vieira, hubiese adoptado la consigna de irse juntos.
Francia, que se clasificó al mundial en la última fecha de las eliminatorias europeas, parece sentirse a gusto al filo de la navaja. Y ya no es inconcebible a imaginarse a Zidane levantar la copa el domingo en el Olympiastadion, repitiendo la gesta de 1998 cuando anotó dos de los goles con los que vencieron 3-0 a Brasil en la final.
“Será toda una satisfacción levantar la copa una vez más”, dijo Zidane. "Será extremadamente difícil, pero tenemos los recursos y los deseos para conseguirlo".