Sábado 19 de mayo de 2012 | 05:15 hs
Esta noche se estrena “Elefante blanco”, una obra escrita por el joven dramaturgo mendocino Pablo Longo. Será a las 22, en la sala Luis Politti (San Martín 1143, primer piso).
sábado, 12 de noviembre de 2005
Pablo Longo escribe teatro, edita teatro, y ahora pondrá en escena una de sus obras (ya hemos tenido ocasión de disfrutar de su poética pluma en “Según lo dijo López”, y la promesa es grande), guiado por una inquietud que comparte con un artista chileno: Pablo Navarrete. Se trata de “Elefante blanco”, una historia dolorosa que recuerda a “Luvina” (aquel maravilloso cuento de Juan Rulfo), en sus climas detenidos, en su tiempo fuera del tiempo, en esa situación fantástica que anuda realidad y ensueños en una amalgama perfecta.
Así, al menos, es como se perfila “Elefante blanco”, una obra que “tiene como disparador dos historias: una de Chile, de la salitrera Humberston; que está en Iquique. Y otra que tiene raíz en nuestro país, y es el caso de las fábricas tomadas por sus trabajadores, como la de Zanón -explica Longo-. En un viaje que hice a Perú conocí a Pablo (Navarrete) y él me contó la historia de esta salitrera. Yo después conocí el pueblo y es verdaderamente impactante. Es una historia real, en la que los habitantes de ese pueblo salitrero de Iquique fueron asesinados y el pueblo quedó abandonado, pero intacto. Es muy impresionante”.
La obra toma su nombre de una metáfora: esos “elefantes blancos”, esos adornos del paisaje que son hoy las fábricas abandonadas y sin funcionamiento. Sin embargo, en la fábula del espectáculo, Longo se pregunta: “qué pasaría si estos seres se quedaran en este lugar fantasmagórico. Seres que creen ser protagonistas de una sociedad, como individuos, pero que son marginales; viviendo en una situación de aislamiento tal que han sido olvidados. Es como una suerte de destierro en el propio país. Estas personas creen en la importancia y la defensa de ese territorio que, para los otros ya no existe”.
Los personajes de “Elefante blanco” son mujeres que están, en este “tiempo fuera del tiempo”, en este pueblo fantasmal, esperando el regreso de sus hombres. Toda la historia transcurre en el “adentro” de estos personajes, nunca pueden expandir su lucha más allá de las lindes de ese pueblo olvidado por el mundo.
De allí los toques mágicos, poéticos, con que se aborda la puesta (a cargo de Navarrete). Una joven del pueblo desea salir de allí y esparcir en otros lados la lucha por la subsistencia que ellas llevan a cabo. Pero el miedo al exterior se hace presente.
“Trabajamos, justamente por este carácter tan fantasmal de la historia, el plano surrealista. Podríamos decir que es un drama fantástico, pero también hay humor, hay una historia de amor -se entusiasma Navarrete-. Hemos tomado, como decía, no sólo elementos surrealistas para la puesta sino también grotescos, cubistas; todos sostenidos sobre una base realista. Hay momentos de suspenso, estados latentes de la obra, y otros de un hiperrealismo cruel”.
El grupo (C.A.C.T.U.S.), compuesto por mendocinos algo nómades, y varios latinoamericanos, inaugura con esta obra su vida escénica. Y tiene como objetivo no sólo presentarse en Mendoza, sino también viajar a aquellos pueblos olvidados y pequeños que existen en nuestro continente.
“Elefante blanco” se nos ocurre, entonces, una suerte de encuentro con un pasado que ya fue, un presente detenido en aquel pasado, y un futuro que mira sorprendido cómo el mundo cambia sin que nada, en relación a ellos, los referencie. / Patricia Slukich.