Spielberg y Tom Hanks

Pasajeros en tránsito

Director y actor vuelven a trabajar juntos en “La terminal”, un film sobre un hombre atrapado en un aeropuerto, que se estrenará en Argentina el 9 de setiembre.

domingo, 22 de agosto de 2004

Cuando se es el actor más importante del mundo, nadie contesta “no”. Lo mismo pasa cuando se es el director más poderoso del mundo.

Sin embargo, Tom Hanks y Steven Spielberg pueden decírselo mutuamente, y ésa es la razón por la que los dos ganadores de Oscar empezaron a colaborar en sus respectivas películas.

Su último trabajo en común es “La terminal”, que Hanks protagoniza en el papel de un viajero de Europa oriental que queda atrapado en un aeropuerto estadounidense como consecuencia de complicaciones burocráticas. El film, estrenado el mes pasado en los Estados Unidos, llegará a la Argentina el 9 de setiembre.

“Él me puede decir cualquier cosa y creo que también yo a él, y la respuesta siempre es perfecta -declara Hanks durante una entrevista conjunta con Spielberg-. Estar tranquilo en un set cinematográfico significa que uno puede sacar cosas que ni siquiera imaginaba, y todo eso se debe a que nos conocemos.”

Spielberg confesó que se había sentido nervioso la primera vez que trabajaron juntos, en “Rescatando al soldado Ryan”, en 1998.

El drama de la Segunda Guerra Mundial que le valió a Spielberg su segundo Oscar como director, le exigió a Hanks pasar mucho tiempo incómodo y sucio, y el actor es conocido por aprovechar al máximo sus propias ideas.

“La primera película se caracterizó por la sensación de: 'No quiero decir nada que a Tom pueda no gustarle. Quiero conservar su amistad. Aprecio a este tipo y a su familia. Dios mío, no me permitas hacer nada que pueda arruinar eso'”, dice Spielberg.

Hanks, sentado junto al director, hace una mueca y señala que esa situación había durado sólo una semana. “Le dije: 'Mirá, no me voy a ofender. Vos sos el jefe. Decime qué querés, y si no te gustan mis ideas, contestame que está bien pero que vamos a hacer otra cosa”, dice el actor. “´Él es el director de la película. Mi trabajo es hacer lo que el director de la película quiere.”

“Pero -interviene Spielberg- cuando se conoce a alguien en la vida real, es como cambiar un estado de cosas, y yo no estaba acostumbrado a hacerlo.”

Hanks y Spielberg se llevaron tan bien en “Rescatando al soldado Ryan”, que decidieron colaborar como productores en “Band of Brothers”, la miniserie de 2001 de HBO que ganó un Emmy y versaba sobre un grupo de soldados de la invasión del Día D.

Llegaron a confiar tanto uno en el otro que, incluso, Spielberg hace las veces de representante de Hanks. “Busco cosas para él”, declara Spielberg. “Trato de encontrar proyectos en los que podamos trabajar juntos.”

“¿En serio?”, dice Hanks impresionado. “Guau. ¡Grandioso! ¿Tuviste suerte?”

“Encontré ‘Road to Perdition”, replica Spielberg. Su estudio, Dream Works SKG, produjo en 2002 la saga de la era de la Depresión, en la que Hanks interpretó a un mafioso arrepentido.

“¡Es verdad!” recuerda Hanks. “También encontraste ‘Milagros inesperados’. Me llamaste y dijiste: 'Leí una película que deberías hacer vos.'”

Pero fueron otros directores los que se encargaron de esas películas, de modo que Spielberg y Hanks empezaron a abrirse paso en sus respectivos equipos.

En “Atrápame si puedes”, de 2002, ya se había elegido a Leonardo Di Caprio para el papel de un estafador carismático. Spielberg era el director. Hanks vio el guión para contratar a su actor para otra película y le interesó el solitario agente del FBI que persigue a Di Caprio.

“Tom leyó el papel del agente del FBI y le pareció interesante. Me llamó y me dijo: 'No quiero inmiscuirme en tu equipo, pero me encanta ese tipo' -dice Spielberg-. Yo no iba a ofrecerle a Tom Hanks un papel de reparto, pero Tom ofreció sus servicios.”

En “La terminal” sucedió lo contrario. Spielberg vio el guión en su condición de fundador de DreamWorks, que barajaba producirlo. “Leo todas las películas que analizamos hacer y voto sobre qué hacer y qué no -dice-. A veces pierdo y a veces me salgo con la mía. En este caso, quería que la película se hiciera.”

Spielberg estaba de vacaciones en Hawaii cuando se enteró de que Hanks pensaba aceptar el papel de Viktor Navorski, un hombre que llega al aeropuerto JFK de Nueva York procedente de un país ficticio de Europa del Este y descubre que una repentina revolución política invalidó los documentos con los que viaja.

Navorski pasa un año viviendo en el aeropuerto, donde hace amigos, se enamora y se dedica a vivir una experiencia. “Iba a ser una oportunidad increíble para Tom, y yo quería estar ahí, quería estar cerca de él”, dice Spielberg.

A pesar de su amistad, al ganador del Oscar por “La lista de Schindler” lo ponía nervioso la idea de proponerse para la película de Hanks. Primero llamó al posible productor y luego a uno de los guionistas para averiguar todos los detalles. “Eso fue más fácil que llamar a Tom”, declara Spielberg.

Finalmente, llamó a Hanks.

“Te dije lo mismo que vos me habías dicho cuando hablamos de ‘Atrápame...”, recuerda Spielberg señalando al actor que obtuvo dos Oscar por “Filadelfia” y “Forrest Gump”.

“Le dije: ‘Tom, no quiero inmiscuirme, ¿pero sería posible que yo dirigiera esto?” Hanks, que suele sorprenderse ante las expresivas declaraciones de Spielberg, sonríe y toma un sorbo de té. “Creo que le dije: 'Steven, sos la S de DreamWorks SKG, de modo que eso depende de vos'”, declara Hanks.

Luego de pasar meses entre miles de extras en un aeropuerto de tres pisos que se construyó para la película, Hanks y Spielberg terminaron de trabajar en el film pocas semanas antes de su estreno en los Estados Unidos, cuando Spielberg hizo un cambio sutil del final a último momento.

“En realidad, si no tenés que ir a ningún lugar y no estás por perder un avión, los aeropuertos son como un spa diurno -agrega Hanks-. Podés agarrar un libro, estacionar tu auto, adelantar algo de trabajo, comer algo, hacer compras, encontrar algo para los chicos. No está mal."

“La terminal” que construyeron para el film incluía cuatro escaleras mecánicas, miles de metros de pisos azulejados, y 35 comercios, incluyendo locales de Burger King, Borders Books, Godiva Chocolates y Hugo Boss, entre otros. "Fue el set más confortable en el que jamás trabajé -dice el actor-. Había luz, aire, nadie fumaba, y sobraban lugares para sentarse. Y hasta una de las computadoras tenía cargado un juego de solitario".

El problema fue alimenticio. Muchos en el set vivían comiendo donas, hamburguesas y chocolates provistos por los comercios que tenían cocinas funcionando realmente para generar el clima y el muestrario adecuado. "Era un patio de comidas en funcionamiento porque todos los comercios que nos cedieron su nombre cedieron también su personal y su maquinaria", cuenta Spielberg.

Los negocios no comestibles también eran reales. El director se sentaba a repasar el guión en un sillón de Brookstone que... vibraba. "Tenía como unos deditos que te hacían masajes en la espalda", dice el director. Hanks, mientras tanto, se entretenía comprando productos... para su teléfono celular. "Me compré un auricular muy lindo de Verizon", dice el actor.

La experiencia fue tan grata que ambos aseguran ya estar planeando hacer una nueva película juntos.

"Esperamos llevar ‘Snagglepuss’ (El león Milquíades) a la pantalla", bromea Hanks, haciendo referencia al león animado rosa de Hanna-Barbera.

Spielberg se ríe y agrega: "No voy a decir todavía de qué se trata, pero tenemos un proyecto para que él produzca y protagonice y yo dirija." Eso convertiría al productor Hanks en jefe del director Spielberg que, a su vez, sería el jefe del actor Hanks.

Menos mal que se llevan bien... / Anthony Breznican

Versión Hollywood con grandes estrellas

Spielberg no sólo dirige a Tom Hanks en “The Terminal”. La coprotagonista del film es otra gran estrella de Hollywood: la bella Catherine Zeta-Jones. Y a ambos los acompaña el ascendente actor mexicano Diego Luna (“Y tu mamá también”).

La película, estrenada el 18 de junio en los Estados Unidos, recaudó en su primer fin de semana la nada despreciable suma de 13.9 millones de dólares y se proyecta en 2.900 salas estadounidenses.

Si bien Spielberg retoma la historia del refugiado iraní cuyo nombre verdadero es Merhan Karimi Nasseri, vistió los 128 minutos que dura el film con los componentes típicos de las comedias hollywoodenses. Los acontecimientos no se desarrollan en Francia sino en los Estados Unidos. Viktor Navorski (Hanks) originario de un país ficticio de Europa del Este, va de visita a Nueva York pero no puede entrar a los Estados Unidos. Se queda a vivir en el aeropuerto JFK donde se hace de amigos, vive insólitas experiencias y, lejos de volverse loco como “Sir, Alfred”, se enamora de una hermosa azafata (Zeta-Jones).

En 1993, la historia de “Sir, Alfred” ya había sido llevada al cine en una coproducción franco-española dirigida por Philippe Loiret, protagonizada por Jean Rochefort y Marisa Paredes y que se llamó “Tombés du ciel” (Caído del cielo), en francés y “En tránsito”, para España. En esa oportunidad, el argumento se basaba en la historia de un hombre que va a París a pasar Navidad junto a su esposa. Pero descubre que le robaron toda su documentación y debe quedarse en el aeropuerto con otras personas que, por diferentes motivos, también vivían en la zona de tránsito del aeropuerto. / Julia Tortoriello

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