“Me considero un ciudadano del mundo”

A cuarenta años de la aparición de Mafalda y a semanas de la publicación de su último libro, Qué presente impresentable, el dibujante y humorista mendocino tiene muchos motivos para festejar.

domingo, 22 de agosto de 2004

Recorre la muestra como uno más, hasta que lo descubren. Saludos afectuosos, guiños cómplices, logran sonrojarlo. Joaquín Lavado, o Quino a secas, como se lo conoce mundialmente, tiene su merecido tributo en el Palais de Glace porteño: una muestra retrospectiva de su obra, para el deleite de una vasta cofradía de admiradores. A cincuenta años de su primera página de humor gráfico, a cuarenta de la aparición de Mafalda, su personaje más célebre, y a semanas de la publicación de su último libro, 'Qué presente impresentable', el dibujante y humorista mendocino tiene muchos motivos para festejar, aunque su conmovedora humildad le reste a estos hitos la trascendencia que tienen. En un diálogo exclusivo con Los Andes, Quino repasa su vida, su obra y nos brinda una mirada crítica sobre el mundo que le toca vivir.

- ¿Qué recuerdos tiene de su infancia y adolescencia en Mendoza?

- Tengo muchos. Sin duda los de la infancia son los más lindos. Recuerdo la limpieza del cielo de noche. Ahora con la contaminación luminosa de las ciudades es muy raro ver la cantidad de estrellas que veía cuando era chico. Otra cosa que viene a mi memoria es el olor de las hojas quemadas en otoño. Es un perfume que tengo metido en el alma. Y por supuesto, la visión de la precordillera, que es inigualable. Y las acequias. Ahora han cubierto muchísimas, pero cuando yo era chico estaban casi todas a cielo abierto, con el riesgo de que cada tanto uno se cayera a la acequia con el triciclo. Yo vivía en San José, departamento de Guaymallén, y me gustaba ver la diversidad étnica, tan rica y tan linda. Los proveedores que pasaban vendiendo por las casas, los carniceros, los almaceneros eran españoles, italianos, sirio-libaneses. Fue un micro-mundo que me construyó como persona.

- ¿Cuándo empezó a dibujar?

- Desde chiquito. Apenas tuve un lápiz y un papel adelante comencé a hacer garabatos y tomé conciencia del placer que me producía dibujar. En mi casa se compraban varias revistas de humor que me devoraba. Tuve suerte, porque mi familia no tomaba a la historieta como un género menor. Me gustaban Oski, Divito, Lino Palacio. Otra influencia importante fue mi tío Joaquín Tejón, que hacía los dibujos de los avisos de cine que aparecían en Los Andes. A mí me resultaba increíble verlo trabajar y que al otro día eso apareciera impreso en el diario. A su lado tracé los primeros bocetos.

- A los 18 años se traslada a Buenos Aires. ¿Con qué soñaba entonces?

- Soñaba con trabajar como ayudante en alguna revista tipo Patoruzú y, sobre todo, Ricotipo. O Avivato, o algunas de esas que publicaban dibujos de humor. Recorrí todas las editoriales y en ninguna me alentaron demasiado. Me dijeron que sí, que las ideas estaban muy buenas. Pero que a mis dibujos le faltaba mucho todavía. Volví a Mendoza, hice el Servicio Militar y después, a los veintiuno, regresé a Buenos Aires decidido a quedarme un tiempo.

- ¿En qué momento se dio cuenta que tenía talento para dibujar y hacer reír?

- No sé. Uno no se da cuenta que tiene talento. A uno le gusta hacerlo. Si se observan detenidamente los primeros dibujos que me publicaron, cualquiera puede ver que no tenía demasiado talento. En cierta medida tenían razón los que me dijeron que las ideas eran bastante mejor que los dibujos. No es que yo sintiera que tenía talento, lo que sentía era un fuerte impulso interior. Descubrí que era mi vocación.

- ¿Queda algo que no le hayan preguntado sobre Mafalda?

- No, creo que no. Me han preguntado muchas más cosas de las que yo me hubiera imaginado que se podían preguntar.

- ¿Descubrió qué fibra sensible toca Mafalda para ser tan universal y seguir vigente?

- El hecho de que la tira tuviese una serie de personajes repetidos en el tiempo, con nombres y características bien definidas, fue importante para que la gente se identificara y la sintiera parte de su familia. No sucede lo mismo cuando los personajes varían de una semana a otra. Pero más allá de eso creo que Mafalda sigue vigente porque los problemas que están retratados ahí parecen dibujados ayer.

- Durante la última dictadura, los militares le cambiaron el sentido a un dibujo de Mafalda, ese que mostraba a Mafalda señalando el bastón de aboyar ideologías. ¿En qué otro momento sintió que estaba siendo mal utilizada?

- En muchas ocasiones. La utilizaron los franquistas en España, un militar argentino que se presentaba como candidato a intendente y un largo etcétera. En todas sentí un profundo rechazo y una gran indignación.

- ¿Qué fue lo más curioso que le ha pasado con el público de Mafalda?

- Cosas curiosas me pasaron un montón, pero lo que más me emociona son los padres que vienen a decirme que su chico no quería leer y gracias a Mafalda se enganchó con la lectura. Me conmueve mucho y me hace ver que mi vocación sirvió para algo.

- En una ocasión dijo que Mafalda le resultaba opresiva y que si no la abandonaba iba a liquidar al dibujante. ¿No tuvo nunca la tentación de volver al personaje?

- No, porque no encuentro diferencias entre Mafalda y las otras páginas de humor. Para mí es lo mismo. Lo cansador era dibujar siempre los mismos personajes, del mismo tamaño y con el mismo formato de tira. Eso me quitaba mucha libertad, pero tenía algunas ventajas: ya el casting estaba armado y contaba con la complicidad del público que sabía cómo se comportaban esos personajes.

- ¿Cree que su origen andaluz influyó en su humor?

- Sí, indudablemente. Esta es una teoría de Luis Landriscina sobre el humor de los cordobeses, que tienen muchos antepasados andaluces. Por eso ellos tienen esa inventiva y esa manera tan particular para reírse de ellos mismos.

- ¿Qué cosas le hacen reír?

- Depende la ocasión y el momento. Ciertas ridiculeces que comete determinada gente, ciertas barbaridades que dicen algunos personajes, aunque en el fondo sean para llorar. Me pasó con la última película de Michael Moore, 'Fahrenheit 9/11'. Me reía de cosas dramáticas que al rato me hicieron reflexionar.

- Durante una dictadura la censura es más directa. ¿Qué cosas condicionan hoy su labor creativa?

- Condicionantes existen siempre. Existen temas con los que hay que tener cuidado, como los relacionados con la religión o las drogas. Son por lo general cuestiones que la gente tiene mal resueltas consigo y que si uno las toca irritan un poco.

- ¿Cómo elige los temas, o qué le genera ideas?

- Cualquier cosa, si uno está atento, puede generar una buena idea. El cine es una fuente importante dentro de mi obra, pero la mayoría de mis dibujos de humor nacen de las noticias que leo en los diarios. También presto mucha atención a las cartas de los lectores en los medios quejándose de todo. En cierta medida utilizo el humor para sacarme la indignación ante las cosas que ocurren, como es el caso de las barbaridades que están haciendo Bush y las tropas norteamericanas en Irak.

- Humorista, dibujante, observador agudo. ¿Cómo se define?

- Como un dibujante que trata de hacer humor a través de la observación aguda. Las tres cosas me definen.

- ¿Perdió la capacidad de asombro?

- No. Aquí me voy a referir de nuevo a la película de Michael Moore. El film muestra cosas que por más que uno las intuía o las sabía, me impactaron mucho verlas en imágenes. El caradurismo de los personajes que están manejando el mundo en este momento es asombroso. A mí me causa espanto, pero no resignación. La capacidad de asombro es lo último que debemos perder.

- ¿Cómo se define políticamente?

- Me sigo considerando socialista, de izquierda, aunque no se sepa muy bien lo que eso significa hoy. Pero no se puede despreciar un sistema porque haya fracasado en un lapso de setenta años, apenas un suspiro en la historia de la humanidad. Esas ideas tienen que resurgir para cambiar este mundo injusto y cruel.

- ¿Qué cosas lo obsesionan?

- Mirando mi propia producción diría que me obsesiona la muerte, la vejez, la injusticia social, el ansia de poder. Y luego me obsesiona también que la gente logre entender lo que quiero decir. Por eso hago un dibujo tan detallista.

- ¿Qué cosas persisten del Quino que comenzó a hacer Mafalda en este Quino de hoy?

- Sigo haciendo el mismo tipo de humor. Desde que me publicaron mi primer dibujo en el año '54 hasta hoy mis preocupaciones siguen siendo las mismas. También utilizo las mismas herramientas creativas.

- ¿Cuál fue el criterio para seleccionar las tiras que se publican en 'Qué presente impresentable'?

- La idea fue recopilar las tiras que hablan, precisamente, sobre este presente impresentable que nos toca padecer. Pero también hay otras cuestiones. Curiosamente noté que tengo varias páginas de historias relacionadas con ambigüedades sexuales. Se ve que es un tema que me interesa, aunque no reparé en eso hasta ahora. Uno no se conoce tanto a sí mismo y hace cosas sin darse cuenta acabada de por qué las hace.

- ¿Qué cosas que nunca hizo tendría ganas de hacer?

- No sé. Uno cree que le faltan cosas por hacer y luego que las hace se da cuenta que las ha hecho otras veces. Enrique Pinti dice que cuando uno es joven cree que tiene miles de ideas, pero cuando llega a viejo se da cuenta que a los sumo tiene unas pocas, y que todas las demás dan vuelta sobre las mismas temáticas.

- ¿Cómo ve el país?

- Lo veo en una etapa de transición, con algunas indefiniciones. Hay grandes golpes de escena en algunas cosas que parecen que van a cambiar mucho, aunque uno después vea que no cambian tanto. Pero frente a otras etapas que hemos vivido y frente a otros gobiernos, este momento me parece bastante llevadero.

- ¿Tiene esperanzas?

- Es obligación de todos tenerlas, aunque no crea demasiado en mis propias esperanzas (risas), pero no nos queda otra. Si no, ¿qué hacemos? ¿Nos suicidamos en masa?

- ¿Cuál es su lugar en el mundo?

- Vivo un poco en Argentina, otro poco en Francia, en Italia, en España. En realidad, no sé dónde vivo. No tengo un sitio en particular donde me sienta mejor. Me considero un ciudadano del mundo. Por Néstor Gabriel Leone - Especial para Cultura

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